Las extravagantes ideas del doctor Pere Gascón sobre el cáncer
Llevo 31 años interesado por el tema alimentación y salud, pero todavía soy incapaz de salir de mi asombro, especialmente cuando van pasando los años y veo las cosas que suceden a mi alrededor. Perdóname si crees que exagero o soy melodramático, pero no puedo salir de mi estupefacción.
Me explico. Corría ayer el mediodía cuando estaba navegando un momento por YouTube y me saltó una sugerencia llamativa —como no podía ser de otra manera con un título así—: 'LA GENTE ESTÁ COMIENDO CÁNCER'. Por norma general, tras un rimbombante título de ese calibre hay toda una declaración inequívoca y específica de intenciones, que para cualquiera un poco versado en estos menesteres representa una evidente bandera roja. Y al menos Bandera se apellida el dueño del canal, el popular e influyente doctor Borja Bandera, toda una personalidad de internet en referencia al tema principal tratado en este blog —su pódcast tiene nada más y nada menos que 1,88 millones de seguidores—.
El vídeo era una entrevista común del formato pódcast ahora excesivamente de moda, que el doctor Borja Bandera le hizo al doctor Pere Gascón i Vilaplana —presentado en el vídeo como ex-jefe de oncología— el pasado 9 de abril de 2026. Por descontado, no sabía nada del doctor Gascón hasta que lo he visto en el vídeo, pero ya desde el significativo título de la entrevista han caído todas mis sospechas y suspicacias sobre él. No obstante y a pesar de estar acostumbrado a los personajes como el doctor Manuel Sans Segarra —el último y más reciente médico cirujano patrio reconvertido en mediático y popular gurú de misticismo cuántico y espiritualidad nueva era— nunca deja de sorprenderme hasta dónde puede llegar nuestra osadía y atrevimiento. Analicemos al detalle el caso del que todavía no me he recuperado, sin poder distinguir si se trata de una broma, un troleo o va en serio.
Como aperitivo de introducción comentar la subjetiva impresión que a mí me ha dado el doctor Gascón: si me hubieran preguntado quién es y a qué se dedica el personaje al que estoy viendo, sin saber nada sobre su profesión ni formación, hubiera apostado por un naturópata común con muy poca formación (en este caso pidiendo perdón a los naturópatas por la comparación, pues he conocido naturópatas más sensatos que este hombre, como opinión personal).
La entrevista dura una hora y dieciocho minutos. Solo las frases sacadas como resumen nada más dar comienzo el vídeo hablan con gran elocuencia y por sí mismas sobre lo que encontraremos: "Los hidratos de carbono nutren al cáncer. La evidencia es brutal" (0:03). Mal empezamos. Muy muy mal en mi opinión. ¿Perdón? ¿Los hidratos de carbono nutren al cáncer? ¿Las proteínas y las grasas no? ¿Acaso las células cancerosas no son también células que metabólicamente necesitan nutrirse de lo mismo que cualquier otra célula? No sé, a lo mejor me equivoco, pero esa afirmación me parece lo normal en un defensor de la paleodieta, pero... ¿también lo es en un eminente oncólogo formado en las mejores universidades españolas y estadounidenses?
Pregunta el doctor Bandera a continuación (en el resumen): "¿Qué recomendaciones muy simples darías a una persona que quiere comer para evitar el cáncer?" (0:19). La pregunta no tiene desperdicio pero me parece una trampa de las peores —e incontestable—, pues... ¿acaso sabemos lo suficiente como para evitar el cáncer? ¿Lo que sabemos no son más bien factores de riesgo que, si los evitamos, disminuyen las posibilidades de padecerlo, pero sin saber a ciencia cierta si lo evitaremos o no? Y de saberlo... ¿sería posible responder con recomendaciones muy simples? No obstante, al doctor Gascón no le tiembla la voz al responder de inmediato: "Cosas fundamentales que se hacían en el campo, en la España de hace cincuenta años" (0:23) —luego lo ampliará a "sería regresar, en cierta manera, a la dieta mediterránea" (7:07) o comer variado (algo totalmente desmentido por los verdaderos expertos)—. Bueno, evidentemente hasta un naturista de hace un siglo no hubiera defendido algo así, vago, inespecífico y sin concretar nada. ¿Algunas verduras, frutas, aceite de oliva o legumbres cultivadas, pero también jamón, chuletas, vísceras, sangre frita, panceta, embutidos... un cabrito... un corderito... eso sí, todo campestre, criados los cerdos, las cabras, los corderos, las ovejas, las vacas o los pollos en medio de la naturaleza, al aire libre, todo muy ecológico y orgánico, además, los huevos recién puestos o la leche recién ordeñada y sin pasteurizar, por supuesto, evitan el cáncer? ¿Y el vino, exprimido de las gruesas uvas cargadas de polifenoles, salidas de las mejores vides plantadas en el campo, a 1.500 metros de altitud, casi fuera de la contaminación ambiental y cultivadas sin pesticidas, también evita el cáncer? ¿Acaso todo lo citado no eran cosas fundamentales que se hacían en el campo, en la España de hace cincuenta años? ¿Un oncólogo de prestigio que se precie en serlo puede permitirse afirmar algo así? Parece ser que sí.
Pocos minutos después de empezar la entrevista, el doctor Gascón nos da una idea fundamental para entender por qué dice y afirma todo lo que —gratuitamente— dice y afirma. Esa idea viene incorporada ad hoc en la palabra "integrativa", que usa enseguida como "la cosa integrativa, de hecho: la inflamación, las emociones, el sistema inmunológico... ¿entiendes?... la genética, la epigenética" (2:34). Esto viene a colación de la distinción que ambos doctores hacen del cáncer, por una parte como enfermedad genética —atribuyéndosela a la oncología que se fundamenta en la evidencia científica—, pero por otra parte como enfermedad metabólica —donde entra la idea que defiende el doctor Gascón, bajo el concepto de oncología integrativa—. Pero como en la entrevista ninguno de los dos explica —más allá de la vaguedad subjetivista partidaria citada más arriba— qué es eso de "integrativa", deberemos detenernos para ver el significativo asunto al detalle, pues de él dependerán tanto las afirmaciones del doctor Gascón como toda la entrevista.
La medicina integrativa es un concepto que se creó a mediados de la década de 1990 para modificar la percepción peyorativa que a nivel social se empezaba a tener de la medicina alternativa o complementaria, es decir, del intento de integración de las pseudoterapias y pseudomedicinas en la medicina. Sus mayores referentes son los doctores Deepak Chopra y Andrew Weil. Evidentemente no existe evidencia alguna y por descontado que la comunidad científica rechaza esta forma pseudocientífica de entender las enfermedades como desequilibrios, siendo el planteamiento principal reestablecer el equilibrio antes que combatir la enfermedad. Precisamente hay un dato curioso y es que las interacciones farmacológicas que suele causar la medicina integrativa pueden disminuir la efectividad de ciertas terapias, destacando las oncológicas. Es descrita por la comunidad científica como un intento de introducir la pseudociencia en la medicina basada en la evidencia. Como están hartos de explicar los divulgadores científicos: no existen ni dos ni varias medicinas. Solo existe la medicina basada en la evidencia científica. El resto son pseudomedicinas (medicina natural, medicina homeopática, medicina antroposófica, medicina tradicional china, medicina alternativa, medicina complementaria, medicina integrativa, nueva medicina germánica, etcétera). Y no podría haber ejemplo más elocuente de lo que implica y es la medicina integrativa, que escuchar la entrevista al doctor Pere Gascón, defensor de la oncología integrativa, es decir, la medicina integrativa aplicada a la oncología.
El doctor Bandera pregunta: "¿Un buen metabolismo... un metabolismo sano... cómo nos protege del cáncer?" (3:59). Respuesta —integrativa arquetípica (desde los higienistas estadounidenses del siglo XIX y los naturistas europeos del siglo XX)— del doctor Gascón: "Primero... primero... lo decía Hipócrates... mis medicinas son mis alimentos y mis alimentos son mis medicinas" (4:07). Cliché de clichés donde los haya en alimentación y salud, fundamentado en una de las creencias más repetidas y afirmada cual dogma de fe, aunque sin una sola evidencia de que sea real. Si bien es cierto que una dieta malsana puede contribuir a provocar —lo cual no es equivalente a decir que lo provoque— un cáncer, no obstante ninguna evidencia científica sostiene que cuando ya está producido se pueda curar o al menos revertir con la dieta. Eso únicamente lo sostienen creencias humanas gratuitas e infundadas, cual acto de fe. Probablemente sea la creencia más extraña de todas en alimentación y salud, pues los alimentos no son fármacos ni tienen propiedades farmacocinéticas. Son alimentos sin más —sí, por desgracia tampoco existen los cacareados "superalimentos" ahora tan populares y de moda—. De hecho, la alimentación no será suficiente por sí misma en la prevención del cáncer, sino solo un —importante, eso sí— factor de riesgo entre otros, siendo el más peligroso e inevitable de todos —si vivimos el suficiente tiempo— el envejecimiento.
Pero luego viene algo que me ha sorprendido de manera enorme y se repetirá —cada vez peor— hasta el final de la entrevista. La sorpresa llega, supongo, porque estoy al día con el ineludible trabajo de divulgación a mi parecer —ahora mucho más confirmado al ver las ignorantes opiniones de este personaje— que están haciendo los verdaderos expertos en alimentación, dietistas-nutricionistas de la talla de Julio Basulto Marset o Elena Carrillo Álvarez.
Dice el doctor Gascón: "La primera cosa que tenemos que hacer es comer bien [...] cada vez comemos peor. Otra cosa... cada vez estamos más obesos" (4:16). Aquí es donde se nota qué pasa cuando hablamos con seguridad, petulancia y contundencia, arropada bajo el sesgo cognitivo ad verecundiam o falacia de autoridad, de lo que no sabemos. Como explican Basulto y Carrillo en sus respectivos libros más recientes, la cuestión alimentaria no se reduce a "la primera cosa que tenemos que hacer es comer bien". El asunto es muy complejo a nivel personal y social —dejando en evidencia que lo integrativo simplifica mucho o al menos integra solo lo que le conviene—; tanto que si el doctor Gascón se hubiera tomado la molestia de integrar las evidencias científicas que presentan tanto Basulto como Carrillo en sus respectivas facetas de divulgadores especializados en nutrición humana y dietética basada en la evidencia, no se permitiría emitir afirmaciones tan desfasadas y anacrónicas como las emitidas, no solo exhibiendo una anonadante falta de tacto similar a la que se suele atribuir a no pocos médicos, sino repitiendo creencias obsoletas que necesitaría revisar con urgencia para desintegrarlas de su sistema de creencias cuanto antes: los "obesos", al igual que los "sidosos" o los "cancerosos", no existen. La obesidad es una enfermedad multifactorial que se sufre —al igual que el sida o el cáncer—, no una condición de la persona. Y aunque parezca que puede ser tiquismiquis por mi parte esta matización, en realidad es porque este señor se pasará toda la entrevista repitiendo lo mala que es la gordura (sic) y estar gordo (sic) como si la obesidad fuera una elección personal y voluntaria, algo estigmatizante y ya desmentido por los verdaderos especialistas que hablan de lo que sí saben.
Si en vez de emitir opiniones de mierda todos nos centráramos en presionar para que se implanten regulaciones contra la impune industria alimentaria ultraprocesadora de productos comestibles, la publicidad y los "cuñadietistas", tal vez otro gallo cantaría.
Luego introduce otra idea inequívoca de las pseudociencias que, por descontado, tampoco tiene ningún soporte ni evidencia científica: "El potenciar el sistema inmunológico, que hay muchas cosas, que ahora las veremos si quieres" (5:10). Aunque las veremos, efectivamente, quedarán bastante reducidas a ciertos hongos —reishi, maitake, shiitake— muy cacareados como "superalimentos anticancerosos" en el mundillo alternativo —perdón; integrativo—, pero sin ninguna evidencia ni soporte fuera de él.
Y la apoteosis final llegará con el último aspecto de las creencias integrativas: "Cómo afecta la inflamación. Cuando hablamos del cerebro... cuando el cerebro está intranquilo, con incertidumbre... me voy a morir... los pensamientos negativos... el cerebro libera sustancias inflamatorias y libera el cortisol. El cáncer crece con la inflamación. La inflamación es lo peor que podemos tener... crónica... crónica" (5:16). Como ya habrás adivinado a estas alturas, esa idea de la "inflamación crónica" no tiene ningún respaldo porque no hay base ni evidencia para sostenerla, excepto la mera creencia infundada. La "inflamación" integrativa me recuerda sospechosamente a las "toxinas" naturistas, una entelequia imaginaria e inexistente pero que funciona como una teoría del todo, pues lo explica todo desde esa posición e interpretación subjetiva para que encaje a la perfección y podamos hablar ad verecundiam, es decir, con afirmaciones tajantes y que dan la impresión de haber resuelto todos los enigmas universales, en este caso del cáncer, aunque gran parte de lo dicho no sirva ni para limpiarse el culo tras cagar —pues no se queda ahí, hay muchas más perlas sobre lo ecológico, los transgénicos... en fin, los clichés ya conocidos de sobra en esos mundillos y que sería arduo analizar punto por punto—.