La peculiar, curiosa e interesante fase lactovegetariana hindú espontánea en la que me encuentro
Hace unas dos o tres semanas aproximadamente (que recuerde) volví, más o menos, a la citada "línea". Ya se sabe... la forma en que mi mujer y yo catalogamos alimentarnos de la manera más saludable posible (no comas mejor, deja de comer peor, como afirma el lema basultiano).
Concienciada ella a tope (yo bastante menos, debido a los vaivenes, sacudidas, reajustes, devenires y tránsitos actuales de la vida cotidiana) consiguió que nos mantuviéramos ese par de semanas en la "línea", pero... ay, amigo, cuando el problema más grave de tu vida está en la alimentación y el fino hilo que sostiene las cosas es casi imperceptible y se rompe solo de mirarlo.
Muchas veces me pregunto: ¿habrá gente de verdad en este mundo actual y su realidad alimentaria circundante, que deje de comer peor del todo y tan absolutamente que no tenga ni un acercamiento a la comida malsana? ¿Qué comerá Basulto, los dietistas-nutricionistas o la gente "fit" en su intimidad 24/7 cuando nadie les ve ni tienen que representar su rol social, profesional?
Por otra parte, también siempre me sorprendió el mal aspecto que a mi parecer solían tener los personajes defensores de posiciones ideológicas radicales y/o extremas, como el crudiveganismo, el frugivorismo, el higienismo o la macrobiótica, por ejemplo. A lo largo de mi trayectoria personal como creyente en y practicante de las pseudociencias, conocí a algunos naturistas emblemáticos y me parecieron de todo menos personas vivas, vitales y saludables. Eso me perturbó y no poco. Transmitían algo raro, rancio, sin explicación plausible pero que me provocaba rechazo, incluso cuando no estaban ni siquiera objetivamente enfermos. ¿Qué sería eso, si es que era algo? ¿Una manía, tal vez, mía, por algún motivo que desconozco? ¿Una incorrecta interpretación juiciosa y equivocada? ¿Un sesgo cognitivo? ¿O que a lo mejor no todo en la vida es la comida, el ejercicio y las ideas que tenemos (mejor o peor fundamentadas) sobre la salud, el vigor, la enfermedad, el envejecimiento y la muerte? Todos hablando de alimentación, ejercicio, estilo de vida y salud como si tuvieran la respuesta definitiva. Hoy sigue todo igual (o peor). ¿Podría ser que no tuviéramos en realidad ni puta idea?
Y tras compartir unas divagaciones subjetivas no sé ni por qué motivo, vayamos al asunto.
No tardé nada en recaer. Otra vez la misma mierda de siempre y vuelta a empezar girando en la "rueda del hámster" a toda velocidad. Pero esta vez conseguí recuperarme rápido contra todo pronóstico y pronto (ya que la última recaída anterior duró un año hasta conseguir hacerme con las "riendas", es decir, empezar a dejar de comer mal otra vez, después de ocho meses sin una sola recaída) gracias, nada más y nada menos, que a la cocina hindú.
El hinduismo entró en mi campo perceptivo durante los últimos meses de 1995 y los primeros meses de 1996. Se apoderó de mi vida con rapidez durante casi una década, hasta que empecé a distanciarme de él para indagar y conocer otros aspectos, interpretaciones, enfoques. Treinta años después vuelvo a él por una puerta giratoria muy distinta a la que me dio acceso. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que he vivido dos fases hinduistas en mi trayectoria vital de medio siglo rebasado y ahora estoy empezando (muy poco a poco) la tercera. Esas tres fases encajan con las darshanas o escuelas de filosofía hinduista ortodoxa. En total hay seis. Servidor exploró dos y ahora se encuentra en la exploración de la tercera (y al parecer, definitiva). No usaré los términos sánscritos correctos por una sencilla razón: el teléfono móvil (presuntamente) inteligente no me permite usar las puntuaciones adecuadas. Por tanto los adaptaré al sonido aproximado en castellano. La primera fase estuvo pautada por la exploración del yoga-darshana. Se extendió entre 1996 y 2004. La segunda fase estuvo pautada por la exploración del vedanta-darshana. Se extendió entre 2007 y 2009. La tercera fase está pautada por la exploración del sankhya-darshana. Empezó en 2022 y todavía está activa. Bien... ¿y todo esto a qué viene, si aquí en realidad vinimos a hablar de alimentación? Un momento... calma... ya llego a eso.
Podría decir que el vegetarianismo, como estilo, pauta, filosofía y/o decisión personal a nivel alimentario, entró en mi vida gracias al hinduismo y mi profunda resonancia interior con él, pero no sería cierto. Debería decir que fue a través del budismo para ser más exacto, pero tampoco terminaría de ser cierto, pues en realidad fue a través de un influyente escritor británico de literatura precursora de la espiritualidad nueva era, que se hizo pasar por monje budista tibetano (lama) sin serlo. Vamos, que el vegetarianismo entró en mi vida a través de un farsante impostor y embaucador en toda regla (no obstante, el siempre perspicaz dalai lama le agradeció los servicios prestados pues, al igual que sucedió en mi caso, sus populares libros atrajeron la atención de muchos occidentales al budismo tibetano).
Y a pesar de no haber estado nunca en la India (sinceramente la India para mí no es el país como tal sino un estado de ánimo) me siento hindú al completo. Es algo difícil de explicar sin caer en misticismos chabacanos ni divagaciones especulativas con las que ya no resueno tiempo ha. La mejor manera de explicarlo sería diciendo que solo el hinduismo como perspectiva vital me hace sentir tranquilo, en paz, feliz. Lo demás, aunque en un primer momento puede despertar mi interés y fascinarme, antes o después me desasosiega, altera, irrita. Pero evidentemente ahora han pasado tres décadas y he tenido un largo recorrido de autoindagación. No cualquier posición hinduista me vale. Por eso, tanto el yoga-darshana como el vedanta-darshana son cosas del pasado que puedo revisitar y sacar muchas cosas interesantes en claro, pero hace años que se quedaron atrás. No resueno ya con ellas. Ahora mi única resonancia profunda y completa es con el sankhya. Y sí, por descontado que todo esto nos lleva al quid de la cuestión: la alimentación.
Debido a mi citada conexión hinduista siempre he tenido una paralela conexión alimentaria con la restauración hindú. La gastronomía hindú no es que sea mejor o peor que otras gastronomías (mi enfoque no va por ahí) según yo lo veo. Simplemente es un caso aparte en el planeta y la historia humana (y tampoco es porque toda la comida sea ultrapicante extrema). No hay otro caso igual en el mundo: entre el 23% y el 40% de la población es lactovegetariana. Se trata de una anomalía. Para entender la diferencia, en España, por ejemplo, hablamos del 1,5%. Pero si lo vemos a escala global, el porcentaje oscila entre el 3% y el 5%. Aunque decir "vegetariana" para abarcar a toda la gente que no come partes de los cadáveres de animales muertos es una etiqueta etimológicamente mal aplicada, pues vegetariano debería aplicarse solo a las personas que comen productos de origen vegetal. La moda colectiva impuesta desde hace tiempo es aplicar la etiqueta "vegetarianos" a los que comen huevos y lácteos y "veganos" a los que no comen huevos ni lácteos, pero en realidad no es nada correcta esa reducción simplista, pues se está desvirtuando y/o banalizando el veganismo, un movimiento filosófico animalista y antiespecista que implica todo un estilo particular de vida donde la alimentación solo es una parte que, no por definición, tiene que ser la más importante.
La restauración hindú es perfecta para cualquiera (siempre y cuando le gusten al comensal los particulares sabores especiados e intensos, que en Occidente se adaptan sin picante), pues cocinan tanto de forma omnívora como lactovegetariana (la particularidad de cada vegetarianismo irá modulada por el tipo de alimentos de origen animal que se decidan introducir, siempre y cuando no implique partes de los cadáveres de animales, sean terrestres, celestes o marinos, no importa). Cada vegetarianismo puede serlo por diversos motivos. El vegetarianismo de la India es lactovegetariano: incluye lácteos porque es un vegetarianismo religioso y cultural donde la vaca es considerada sagrada. Por tanto, para los hindúes la leche animal es el alimento perfecto (según la evidencia científica no lo es, aunque tampoco sea insaludable, sino neutro).
Pero a mí nunca se me había ocurrido cocinar hindú jamás y a mi mujer, tampoco. Siempre comíamos en restaurantes concretos. Ella es una perfecta cocinera apasionada que se ha especializado, durante la última década, en la restauración vegetariana y ovolactovegetariana experimental. Casi todos los días innova e inventa algún plato nuevo, partiendo de alguna receta que modifica. Se le da como a nadie que conozca, alcanzando una excelencia y maestría nunca vistas por estos ojos. Es todo un placer para los sentidos comer de su cocina.
Entonces, fue hace unas semanas cuando se le ocurrió preparar un curry vegetariano con crema de coco como base (recordemos que a pesar de ser muy usada por los hindúes, en realidad la crema de coco se usa principalmente en la restauración tailandesa como base de muchos platos populares del sudeste asiático), verduras, tofu y garbanzos. La crema de coco, al igual que el aceite de coco, no es nada saludable (a pesar de la moda impuesta), pues a grandes rasgos su composición nutricional son grasas saturadas que, arreglo a la evidencia científica, elevan el colesterol LDL o "malo". Pero saca un curry sin parangón que, si lo cocinamos solo con una amplia cantidad de verduras y no le añadimos sal, nos da una fórmula perfecta para comer mayoritariamente saludable varios días. Como es obvio deberían abstenerse las personas con problema de hipercolesterolemia, hipertensión o enfermades cardiovasculares. Tampoco sería conveniente ingerir más grasas saturadas (carnes, quesos, mantequilla, yema de huevo, aceite de palma, aceites vegetales hidrogenados [como la margarina], cacao, etcétera).
Y vaya, joder, estaba en recaída otra vez, cuando a mi mujer se le ocurrió innovar preparando aquel curry con verduras, tofu y garbanzos. A partir de ese momento se despertó mi reconexión hindú de una manera que nunca lo había hecho y me enganché, a nivel alimentario, desenganchándome simultáneamente de la puta, cansina, ubicua y perjudicial comida basura (ultraprocesados principalmente). Desde entonces estoy en la etapa lactovegetariana hindú, durante estas dos semanas de mudanza, solo en casa, preparando una enorme sartén profunda de donde estoy varios días comiendo un curry repleto de verduras, que complemento con frutos secos tostados (sin sal añadida), vainas tiernas de soja y fruta fresca sin procesar, bebiendo agua con gas de vez en cuando.

















