Otra victoria momentánea contra la realidad aplastante

Ya te lo imaginas... ¿verdad?

No hay que ser muy listo para acertarlo... ¿cierto?

Estaba —más o menos— en mi "línea" ovolactovegetariana —mayoritariamente— saludable, motivado, esperanzado, dos semanas estable, sin comer casi nada ultraprocesado —solo se me coló un aperitivo compuesto por harina de maíz extrusionada, sin sal y horneada con aceite de oliva, pero no por ello saludable ni aceptable—.








Pero hace tres días... se fue todo a la mierda.

Lo previsible.

Lo común.

Lo probable.

Sin novedad en el frente.

Bienvenido al desierto —alimentario— de lo real.

Vivimos en una sociedad y momento histórico donde no te puedes permitir un bajón anímico.

Porque en el momento que se abra una vulnerabilidad en ti, la depredadora y destructiva industria alimentaria —junto con el resto de industrias y negocios mil— estará esperándote para ofrecerte su insaludable oferta tramposa, adictiva, muy perjudicial... con la única finalidad de monetizar tu vulnerabilidad y engancharte a sus mierdosos productos prescindibles e innecesarios.

¿Llegará el momento de madurez suficiente en una sociedad que, al menos en lo respecta a la industria alimentaria, parece una infantil guardería?

Y así nos va.

¿Acaso a alguien le importa lo más mínimo mientras la codicia sea satisfecha?

A ti debería importarte.

Solo tengo una esperanza y va acorde a la realidad: que las empresas aseguradoras se enfrenten a la industria alimentaria y la derroten antes de caer arruinadas por los gastos sanitarios para tratar las enfermedades no infecciosas derivadas del estilo de vida y que en su mayor parte está provocando esa industria alimentaria que inunda los espacios comerciales con su comida basura —recordemos que las muertes derivadas de una dieta malsana son 11 millones de personas al año, 3 millones más que el tabaco—.

Por tanto y hasta que hagamos algo en conjunto contra esta plaga de la comida basura, no queda más remedio que hacerse cargo cada cual de su caso y circunstancia como mejor pueda.

El mío, al menos, es la historia de nunca acabar: un uroboros de pocos logros y muchos fracasos, recayendo constantemente y más pronto que tarde, desde hace tres décadas en su peor versión. 

Pero, tras reflexionarlo largo y tendido, veo otra solución, aunque no sea nada realista, conociendo como —creo que— conozco al ser humano: si nos concienciáramos en conjunto, podríamos arruinar a la industria alimentaria u obligarla a que modificara su negocio —pues la codicia, eso sí, jamás desaparecerá en sociedades mercantiles donde todo tenga un precio— para ofrecer productos comestibles saludables. 

Aunque a mí, poco a poco, me está sirviendo la idea —relativamente— para modificar mi percepción de la realidad alimentaria, al planteármelo de esta manera: cada día que no compro ni consumo productos comestibles ultraprocesados mi decisión contribuye a la ruina de la industria alimentaria, empeorando sus bolsillos y mejorando mi salud

Porque, piénsalo un momento: cada vez que compras comida estás emitiendo una inevitable declaración de intenciones que va más allá de ti, pero de entrada y principalmente te afecta a ti

¿Qué declaración quieres emitir? 

Un día sin consumir ultraprocesados ni comida rápida en la restauración, es un día de pérdidas para la industria alimentaria y de ganancias invertidas en tu salud y bienestar.

Así que tras haberme pasado tres días de recaída, después del encuentro en Lidl con una novedad de la más conocida empresa de peligrosas golosinas lácteas azucaradas, altamente adictivas y promotoras de obesidad, diabetes y síndrome metabólico... he vuelto a venceros. Y esto cada día se parece más a una cruzada por mi parte, simplemente porque estoy harto de que me jodáis la vida, así que sí, por supuesto que me lo tomo a nivel personal —y cualquiera que consuma vuestros fraudulentos productos debería también tomárselo a nivel personal, pues le va la vida literalmente en ello—.

Pero... ay amigos innombrables (para boicotearos un poco más si cabe, pues lo que no se nombra no existe y por eso le dedicáis tanto dinero a la coactiva, chantajista y manipuladora publicidad de mierda que debería estar prohibida por decreto)... ahora las cosas son diferentes y no estoy débil, como siempre, atrapado en mis redes neurológicas de la adicción que tan bien sabéis manipular para enriquecer vuestra insaciable codicia.

Así que hoy he vuelto a la "línea" con un potaje de alubias rojas repleto de verduras y un arroz integral.



Y de postre solo fruta fresca entera sin procesar ni cocinar.



P.D.

Tienes que probar estas almendras tostadas y peladas, sin sal, que ha traído Mercadona como novedad: saben igual que las almendras fritas Marcona con sal, pero sin toda la carga prescindible y que las vuelve insaludables, por muy buenas que estén de sabor. Estas, en cambio, son la versión más saludable, menos cargante y con un sabor tan parecido que nada tienen que envidiarle.

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