Ahora ya tengo un par de cosas que compartir contigo

Fue la última semana de enero del pasado año cuando me quedé sin cosas que contar en este aspecto, es decir, alimentación y salud. Tampoco es que no tuviera exactamente nada nada que contar. Como es obvio siempre hay temas para reflexionar o seguimiento de lo que esté pasando en ese momento con el asunto para hacer, pues este es un blog personal centrado en esa dimensión, aspecto e interés de mi vida desde hace 31 años, cuando quise implementar por primera vez una alimentación ovolactovegetariana en mi vida cotidiana.

En realidad pasaron un par de cosas para sentir que ya no tenía nada más que compartir.

La primera fue la seguridad de llevar varios meses en "la línea" como nunca antes había estado.

La segunda fue el sentimiento inevitable de incomodidad por la completa exposición integral de algo tan personal como íntimo.

La tercera y última fue llevar en marcha tres blogs más aparte de este, destacando el de 'Rareza literaria'.

Y al abandonar este blog, con el sentimiento de plena satisfacción, para dedicarme a los otros proyectos, que también fui abandonando con la idea de centrarme en exclusiva en las reseñas de libros y cómics, nunca me pude imaginar que la "batalla" contra mis problemas alimentarios y de peso (vamos, alimentación y salud) estaba a punto de cambiar nuevamente, para perderla (por enésima vez) y fracasar estrepitosamente (como siempre).

Todo se mantuvo en la mentada "línea" (comer de manera saludable, abandonando el consumo de ultraprocesados), que por primera vez conseguí implementar al 100 % (seguir un patrón dietético basado en frutas frescas sin procesar, verduras crudas y cocidas, frutos secos crudos y tostados, legumbres y cereales integrales), hasta que llegó el verano.

Entre el 9 y el 12 de julio de 2025 me fui con mi mujer de vacaciones a la provincia de Valencia. Recogimos un Toyota C-HR negro nuevo en la sede de Record go que hay cerca de la estación del tren de Alicante (donde fuimos, como siempre, en el tren Avant, desde la estación Orihuela-Miguel Hernández). Nos quedamos en unos alojamientos de Cullera y Onteniente. De camino pasamos por el supermercado Family Cash de Finestrat, al lado de Benidorm, en el límite entre la provincia de Alicante y Valencia... y aquí es donde empezó a joderse todo.

Compramos unas cortezas de trigo y otras de maíz fritas que nunca había probado.


También cayeron unas patatas fritas envasadas de E. Escrivá que tenía pendientes probar desde que mi amigo Gustavo Giner habló de ellas (incluso llegó a escribir un relato poético sobre el asunto, si mal no recuerdo).


Como complemento, un hummus industrial, unos tomates cherry, palitos de pan tostado y nectarinas de postre.



Para beber, una kombucha grande de frutos rojos.


Aparentemente todo estaba bien y no había problema, pero así es como empieza. Uno es inconsciente de ello y piensa que todo sigue estando bien. Se relaja. Llevas ya ocho meses y crees que tienes el asunto controlado. Pero nunca es así. Arrastras un problema con la ingesta compulsiva de ultraprocesados desde hace 28 años. Llevas también 20 arrastrando una obesidad considerable. El ciclo de recaída está ya en marcha y no lo sabes. Vives en una sociedad materialista, mercantilizada, obsesionada con la apariencia y el tener, mucho antes que el ser. Lo que importa son los negocios y solo interesas en tanto en cuanto puedas ser monetizable. Si alguien te da 10, a cambio gana 1.000.000 o más por esos 10. Todo tiene truco y trampa. Los intereses comerciales están por encima de cualquier otro criterio. Si eso repercute en negativo para ti, te jodes. ¿Acaso crees que a alguien le importa? Es una sociedad obesogénica y muy enferma a todos los niveles. Pero nadie se da cuenta. Se acaba de activar el proceso de recaída y la catástrofe se huele a lo lejos, mientras su velocidad aumenta, ganando terreno que es imposible reconquistar. Da igual. Alguien sacará beneficios de joderte la vida. Y no podrás hacer nada para pararlo. Como mucho, los psiquiatras y psicólogos estarán ahí para "parchear" el problema, previo pago (obviamente también quieren su parte del pastel, como todos) de cantidades nada desdeñables. La hipotética solución es parte del problema. No hay salida. El único remedio que te queda es lidiar con lo que hay como puedas. Y con ello llevo ya 50 tacos lidiando. Bienvenido al baudrillardiano "desierto de lo real".

Los tres días siguientes fueron una caída en picado a los abismos del trastorno por atracón, las conductas adictivas con la comida chatarra y la vuelta a la "rueda del hámster".









En no excesivo tiempo (dos semanas) pasé de los 93,6 a los 99,8 kilos de peso.





En noviembre de 2025 estaba ya en 107 y ahí dejé de pesarme, frustrado, atrapado e incapaz de salir de la "rueda del hámster".


Para mediados de marzo de 2026 necesité pesarme de nuevo, para ver cómo iba la hecatombe imparable, con la idea fija de volver a "la línea", aunque fuera solo comer un poco mejor, pues me encontraba fatal a todos los niveles, experimentando, además, un agotamiento vital absoluto, huyendo de mi realidad mediante la compra compulsiva de libros, que nos estaba arruinando la vida, para variar. Resultado: 115,2. Brutal el desesperanzador desastre. Otra vez atrapado... ¿cómo no? ¿Acaso esperaba algo diferente? Había que tomar determinaciones radicales, romper con todo, reinventarme de nuevo y "morir" para "renacer". O al menos intentarlo.


Entonces volví a ver un poco de esperanza y luz al final del túnel hace 20 días, cuando me fui con mi mujer a Alicante de paseo y encontré el último libro de mi único referente en cuestiones de alimentación y salud: el dietista-nutricionista, profesor académico, divulgador científico y escritor español Julio Basulto Marset. Me pareció una señal inequívoca, pues el libro se titula TODOS GORDOS (con perdón). Publicado por Vergara, potente sello editorial de Penguin Random House Grupo Editorial, la primera edición salió a la venta en enero de 2026.


¿Un libro de Julio Basulto publicado hace tres meses y yo me lo estaba perdiendo? ¡Imperdonable! Pero también incomprensible, pues si bien ahora estoy en una larga etapa de desintoxicación bibliófila, para recuperarnos económicamente por una parte y poder volver al orientalismo y la espiritualidad por otra parte, centrando el foco de mi atención nuevamente, hasta hace apenas una semana estaba en Códex, Atenea, la Casa del Libro, 80 Mundos, Fnac Bulevar (cerrado, tras un cuarto de siglo, desde principios de este año) o el Ateneo Cómics, a menudo. No me perdía ni una sola novedad. ¿Qué paso con Basulto, al cual esperaba desde su fascinante y complementario anterior libro, publicado hace ya cuatro años? ¿Acaso es que lo tenía que encontrar en el momento adecuado e indicado, cuando estaba preparado para volver a "la línea" o solo se trata de una mera casualidad y coincidencia?

Y bueno, desde el pasado 8 de abril de 2026, cuando encontré el último libro de Basulto (exactamente tres mes después de ser lanzado a la venta) hemos retomado "la línea", poco a poco, siguiendo casi todos los consejos principales de Basulto, sin obsesión con el peso, intentando recuperar el estar en forma o dejando de comer mal, aunque con transiciones ovolactovegetarianas flexibles (como algunas verduras rebozadas en huevo, pan rallado y fritas con aceite de girasol). Se han ido fuera los aperitivos fritos (sustituidos por frutos secos crudos y tostados sin sal, excepto los pistachos de vez en cuando), absolutamente todos los dulces (sustituidos por frutas frescas enteras y cuando tengo mucho bajonazo, dátiles, orejones de albaricoque o pan de higos secos con almendras y de dátiles con nueces), así como, especialmente, los refrescos (sustituidos, cuando tengo mucho bajonazo, por agua mineral con gas o sifón [agua de soda], sin edulcorantes). Vamos a ver cómo queda el asunto.

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